Crónicas veraniegas de Villatoday – El becario se llama Gurb

Crónicas veraniegas de Villatoday – El becario se llama Gurb

7:30 – Aterrizo en una gran plaza abarrotada de hombres-gamba y palomas. Leo los medios locales. Por increíble que parezca, en este planeta no son conscientes de que la invasión de los hombres-gamba ya ha empezado. Se les ve preocupados por los manteros y algo que llaman “pruses”. Para adaptarse a los cánones estéticos del momento y pasar desapercibida, mi astronave ha decidido tomar la forma de un flamante Biscúter serie 100. La aparco en doble fila y, sacando un brazo, grito “stronzo” bien fuerte al primer nativo que se me acerca. Se trata de un taxista que me mira raro, pero según mi base de datos, esta es una costumbre local inexcusable. El taxista me pregunta si vengo del planeta Uber. ¡No puede ser que me hayan descubierto tan pronto! Le digo que no, que “soy del Betis manquepierda”. Me dice que pasa de mí por que tiene una asamblea que si no “ya vería”. Nota mental: En este planeta los taxistas son gente maja que te lleva a ver cosas.

8:00 – Reviso en mi salpicadero los datos del planeta: Población 7,512 millones de habitantes (mogollón de peña), Índice de Gini 0,630 (la riqueza está concentrada en manos de unos pocos), Porcentaje de agua en el planeta: 0,02% (menos que en Marte), Índice de sostenibilidad: 1,7 planetas/año (mira… así empezaron en Marte), Temperatura: 39.9 grados a la sombra (más fresquito que en Venus). Me pongo el anorak de pluma, salto de mi astronave y empiezo a caminar por el paseo ávido de nuevas experiencias.

8:30 – En contra de lo que esperaba, mi piel rojiza y mi habla pastosa me permiten pasar desapercibido. Completo mi atuendo en una “tienda de suvenirs”. Me recomiendan unas gafas de sol, calcetines blancos con sandalias, un gorro mexicano y una camiseta hawaiana que me enfundo encima del pluma con la ayuda de tres dependientes. Ya me lo decía mi madre: Se puede ser “fashion”, pero hay que tener cuidado con los refriados veraniegos. Entra en la tienda un grupo de 37 japoneses con 75 cámaras. Veo al dependiente estresado, así que decido que la mejor manera de agradecer su amabilidad es marchar sin despedirme y volver otro día. Camino 3 o 4 manzanas y paro en un bar “típical spanish” para desayunar. Aparece puntuado con 3.1416 botijos en mi base de datos, así que no puede estar mal. Me pido una paella que me jinco en 10 minutos. Surge el primer conflicto… por lo que parece en este planeta siguen funcionando con un arcaico sistema de intercambio de servicios-productos por papel-moneda. Informo al nativo que no tengo papel-moneda. Me informa que voy a tener que lavar platos y servir mesas durante todo un día o me va a sacar la paella a hostias. Le digo que no soy religioso. El tabernero saca un bate de béisbol de detrás del mostrador y me pregunta si soy humorista. Noto como mi tercer ano se contrae y empiezo a sudar a chorro por las axilas. Todavía no he descubierto qué es, pero resulta evidente que mi sentido arácnido me está intentando decir algo. La escena despierta la curiosidad de un tipo que se acerca al tabernero y le dice “tranquilo, ya pago yo su cuenta”.

9:00 – El tipo es super majo. Es director de un medio local de gran tirada. Me explica que estoy en deuda con él “por lo de la paella”. Le digo que a los Uberconianos se nos conoce como los “Lannister del espacio” porque siempre pagamos nuestras deudas. Me dice que casualmente tienen una vacante “porque hay una ley de mierda que obliga a los trabajadores a hacer vacaciones”. Le digo que no tengo mucha experiencia en eso de la prensa escrita. Me pregunta si sé escribir. Respondo que sí, que domino la escritura de 337 lenguas vivas y 37 muertas. Me dice que si sé cómo va el Word y el correo electrónico. Le digo que conozco todas las aplicaciones ofimáticas del planeta y que programo en 246 lenguajes (247 si considera PHP un lenguaje), pero que las expresiones regulares se me dan regulín. Me ofrece el contrato estándar de “un mes y luego ya veremos”. Espero estar a la altura para saldar mi deuda “por lo de la paella”. He tenido mucha suerte.

9:30 – Llegamos a la oficina…

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