Crónicas veraniegas de Villatoday – ¡Privilegiados!

Crónicas veraniegas de Villatoday – ¡Privilegiados!

Cuando sonó el teléfono en su despacho, el alcalde ya sabía de qué iba a tratar la llamada. No le dio tiempo al aparato a hacer “ring ring”, porque tras el primer “ring” ya estaba descolgado.
– Ayuntamiento de Villatoday. Le habla el alcalde.
– Mr. T. Rex al habla.
– ¡Qué grata sorpresa! Es un honor recibir una llamada de un capitán de la industria, del hombre que ha cambiado el destino de este humilde pueblo! ¿Qué tal va todo por Ohio? ¿Les hace buen tiempo?
– Como comprenderá, no le llamo para darle el fucking parte meteorológico. It’s damm hot, but that’s not the question.
– ¿Y la cuestión is, digo es?
– ¿Qué es eso que me cuentan de no sé qué huelga? What the fuck is going on in my factory?
– ¡Ah, eso! No se preocupe. Cuatro alborotadores… ¿Huelga? Qué va, qué va… Nada, chiquilladas de los mozos del pueblo, que quieren que les pagues los salarios…
– Fucking bastards!
– …con retrasos incluidos…
– ¡Quieren hundirme!
– Naturalmente, Mr. T. Rex, digo, de ninguna manera. Y si es lo que quieren, pues no lo van a lograr. Ya estoy reunido con los gerentes de la fábrica para abordar la situación. Déjelo en manos de este humilde alcalde. No habrá ninguna huelga.
– ¡Eso espero! Bye!

Al día siguiente, todo el pueblo se había reunido en la plaza. El alcalde salió al balcón del ayuntamiento junto a dos gerentes de la fábrica. El regidor municipal se adelantó y dirigió estas palabras a la concurrencia:
– Me llegan rumores de que ciertos trabajadores de esta localidad están descontentos e incluso llegan a plantearse hacer huelga en la T. Rex. Como todos sabéis, la T. Rex es la principal productora de cosas (así, en general) de la región, y si los obreros hacen huelga y dejan de hacer cosas, nos quedamos sin cosas. Este equipo municipal siempre ha dado la máxima importancia a las cosas, como no podía ser de otra manera, así que me veo obligado a intervenir ante tan peligrosas intenciones. No me queda otro remedio que exponer a estos antisistema como lo que son, ¡unos privilegiados!
– ¡Privilegiados, dice! ¡Pero si trabajamos más horas que el reloj! – surgió una voz de la multitud.
– ¡Y nunca tenemos vacaciones porque encadenamos contratos! – surgió otra, y luego ya en cascada:
– ¡Para colmo la empresa lleva meses sin pagarnos! Estamos desesperados, yo he tenido que vender mi frigorífico para poder comprar comida, y cuando he tenido comida se me ha estropeado por no tener frigorífico.
– ¡Pues anda que yo, que he tenido que vender mi aparato digestivo!
– ¡Y mi jefe es el puto Hannibal Lecter!
– Tch tch tch… He vuelto, Clarice.

De pronto se oyó una voz quejumbrosa a la par que irritante:
– ¡Pues sí, sois unos privilegiados! – dijo la marioneta hecha con un calcetín que agitaba en el aire el alcalde. – ¡Al menos tenéis trabajo! ¡Y piernas! ¡Y brazos!
Toda la plaza se emocionó con las cuitas del muñeco, sobre todo cuando vieron que lloraba virutitas de lana que el regidor le iba espolvoreando sobre los ojos.
– ¡Pero qué dices! ¡Si eres una marioneta manejada por el alcalde!
– ¡Pues por eso mismo! ¡Vosotros os quejáis, y no sabéis lo que es tener una mano metida por el culo que maneja todos tus movimientos! Deberíais quejaros menos y valorar más lo que tenéis, o mejor dicho lo que no tenéis metido en el culo y manejando todos vuestros movimientos. Es dolorosísimo, pero lo peor no es el dolor físico, sobre todo siendo 50% algodón y 50% polyester. ¡Lo peor es lo indigno que es!
Bastaron esas palabras para conmover a todas las buenas gentes del pueblo, que tienen buen corazón en el fondo y se compadecen de los más desgraciados. Al día siguiente, el comité de empresa de la T. Rex Corporation en el centro de trabajo de Villatoday, aprobó una resolución a favor de los derechos de los muñecos de trapo.

Unos días más tarde, el presidente del comité de empresa se encontró casualmente con el alcalde paseando por la calle.
– Señor alcalde, – le dijo, – ha sido capaz de conmover a todo el pueblo con su desgarradora descripción de los sufrimientos de una marioneta. ¿Cómo ha logrado meterse en el papel?
– Bueno, es fácil cuando uno se siente identificado.
– ¿Qué quiere decir?
– Pues que seguramente usted no habrá visto las manos de los gerentes de la empresa que estaban detrás de mí cuando me dirigía al pueblo desde el balcón del ayuntamiento.
– Pues… no, no recuerdo haberlas visto, pero sigo sin comprender…
– No le voy a decir dónde las habían metido.
– Oh… Vaya. Lo siento mucho, señor alcalde.

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