TENDENCIAS: Ni discotecas ni raves, la última moda fiestera son los EREs de CGT

TENDENCIAS: Ni discotecas ni raves, la última moda fiestera son los EREs de CGT

Según nos vamos acercando a la oficina de Unisono, empiezan a retumbar en nuestros oídos los machacones pero contagiosos ritmos de la música tecno. Se siente en el aire, incluso antes de entrar, una vibración peculiar. Hoy es un día especial. Es una fiesta, y vamos a darlo todo. La CGT ha firmado un ERE en esta empresa, y cuando la CGT firma un ERE, sabemos que es una ocasión para celebrar.
ambiente festivo

 

Al entrar en la oficina nos tropezamos con un becario al que tienen encendiendo y apagando la luz para hacer un efecto discoteca. El director de RRHH de la empresa hace las veces de DJ y anima a todo el mundo a bailar en la pista que se ha improvisado en medio de la oficina apartando las mesas a un lado. Los empleados lo están dando todo. Una pareja aprovecha para darse el lote en medio de la oficina, (no nos consta que sea alguien del comité y alguien de la dirección). Los cuerpos se agitan con frenesí. Los rostros muestran ademanes de éxtasis y felicidad. Incluso a los subcontratados les han dejado salir del sótano para participar en la fiesta. ¡Un día es un día! El ambiente es espectacular, pero necesitamos algo más para ponernos a tono. Nos dirigimos al office. Dos cafés de máquina y una palmera Martínez más tarde, estamos dispuestos a reventar la pista de baile. Nos dejamos llevar por el delirio generalizado hasta alcanzar el nirvana.

 

Media hora más tarde, se oye un rumor que viene de la entrada. En principio no se sabe de qué se trata, pero trasmite una sensación de fervor colectivo. Cuando el rumor se va acercando, para la música. Alguien ha dado una colleja al becario de la entrada para que dejara la luz encendida. Se forma un pasillo por el que van desfilando los héroes del día: los delegados y las delegadas del comité de empresa. Todo el mundo les mira embelesados. Se hace un silencio reverencial. Entonces, uno de los delegados hace una señal al director de RRHH, y recomienza la música. Los delegados y las delegadas son los primeros en agitar sus cuerpos al ritmo frenético que sale de los altavoces. Se desata la locura.

 

Horas más tarde, salimos de la fiesta y nos encontramos con un grupito de delegados de CGT con pancartas y cara de pocos amigos maldiciendo a los que ellos llaman “los vendidos”. Les hacemos una pedorreta y nos vamos a casa tras una noche inolvidable.

Acabamos de vivir una de las experiencias fiesteras más intensas que se pueden vivir en la actualidad. Nos lo confirman un experto en fiestas, desfase y cachondeo que ha entrado en nuestra redacción buscando su mochila. “Ya nadie va a las discotecas, eso está más pasado de moda que las camisetas de Naranjito. A las raves se sigue yendo, pero sólo a pillar la droga. Luego nos vamos a los EREs de CGT, que es donde está la animación. Ojo, hay que fijarse bien, no vayas a acabar en un ERE de CCOO. Ahí todo es llanto y crujir de dientes. Pero los de CGT, bua, vaya fiestones. En fin, ¿alguien ha visto mi mochila?”.

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